El genio de Dali

Jesús crucificado y sin rostro elevándose a los cielos y apreciando la magna creación de su padre. Una idea simple y nada descabellada.
Sin embargo me parece que el lienzo tiene muchas mas interpretaciones que no están puestas ahí por casualidades del mismo Dalí, el “Creador” de la obra, sino para estrujarnos en la cara toda la genialidad que podía expresar.
Es como si el observador se colocara en el lugar de Dios, observando desde los cielos a su hijo crucificado.
Y la cruz, símbolo del Cristianismo, se transformara en una nave que transporta al único ser importante y que lo dio todo por el mundo.
Mientras abajo el tiempo sigue su rumbo, sin época conocida, como si el cuerpo de Jesús vagara por el mundo, por los tiempos, sin meta clara, tratando de situarse en un lugar y un momento donde en verdad pueda prevalecer su nombre.
Abajo, ese poco fragmento de mundo, se ve como frío y desinteresado. Como si sus ojos estuviesen ciegos ante tan importante presencia, como si los seres humanos hubiesen perdido la capacidad de reconocer lo sagrado y lo espiritual.
Es el hombre en los tiempos modernos, cansado de esperar tanto y de recibir tan poco.
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